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No todas las calles son iguales… y su alumbrado tampoco debería serlo

No todas las calles son iguales… y su alumbrado tampoco debería serlo

Cada lugar tiene unas necesidades de iluminación completamente distintas. Y, sin embargo, todavía es habitual encontrar municipios donde se ha aplicado la misma solución en todas partes: misma luminaria, misma potencia, mismos niveles.

¿De dónde parte la clasificación?

Una de las primeras decisiones técnicas, y de las más importantes, al diseñar una instalación de alumbrado público es asignar a cada vía su clase de alumbrado. El Reglamento de Eficiencia Energética en Instalaciones de Alumbrado Exterior (RD 1890/2008, ITC-EA-02) clasifica primero las vías según su situación de proyecto, que depende fundamentalmente de la velocidad de circulación: desde las vías de alta velocidad (situación A) hasta las zonas exclusivamente peatonales (situación E), pasando por vías urbanas, carriles bici y zonas de convivencia entre vehículos y peatones.

A partir de ahí, cada vía recibe una clase dentro de tres grandes familias.

  • Clases ME (M en la UNE-EN 13201 actual) para vías con tráfico motorizado. Se evalúan mediante luminancia media, uniformidad global y longitudinal, deslumbramiento perturbador (TI) e iluminación de los alrededores, y van de ME1, la más exigente, a ME6.
  • Clases S (P en la UNE-EN 13201) para zonas peatonales, calles residenciales, aceras y carriles bici. Se evalúan por iluminancia media y mínima sobre el pavimento, de S1 a S4.
  • Clases CE (C en la UNE-EN 13201) para zonas de conflicto como glorietas, intersecciones, pasos de peatones o áreas donde coinciden distintos tipos de usuarios. Se evalúan por iluminancia media y uniformidad, de CE0 a CE5.

¿Qué factores determinan la clase concreta?

No basta con saber si una calle es «de coches» o «de peatones». Para afinar hay que tener en cuenta la intensidad media de tráfico, la complejidad del trazado, la presencia de cruces o zonas de aparcamiento, el flujo de peatones y ciclistas, la dificultad de la tarea visual, el nivel de luminosidad del entorno e incluso la presencia de puntos sensibles como colegios o centros de salud.

¿Y por qué merece la pena ajustar una clase específica a cada calle?

  • Seguridad: quedarse corto en niveles compromete la visibilidad de conductores, ciclistas y peatones, especialmente en zonas de conflicto.
  • Eficiencia energética: sobreiluminar una calle residencial como si fuera una vía principal supone un consumo que no aporta ningún beneficio real. Ajustar la clase es, muchas veces, el primer y más barato paso hacia el ahorro.
  • Calificación energética: el REEAE exige que las instalaciones cumplan unos valores mínimos de eficiencia y cuenten con su etiqueta energética. Una clasificación correcta es la base para obtener buenas calificaciones.
  • Contaminación lumínica: más luz de la necesaria no significa mejor iluminación. El exceso de flujo afecta al cielo nocturno, a la fauna y al descanso de los vecinos.
  • Regulación horaria: una buena clasificación permite reducir la clase en las horas de menor tráfico, generando ahorros adicionales sin renunciar a la seguridad.
  • Selección óptima de luminarias: conocer la clase exacta de cada vía permite elegir la potencia y la óptica más adecuadas para cada sección, evitando sobredimensionar.

Aplicar la misma receta a todo el municipio es lo fácil. Analizar cada vía y asignarle su clase justa es lo que marca la diferencia entre una instalación que simplemente cumple y una que es realmente eficiente, segura y respetuosa con el entorno.

En Sitelec estudiamos cada calle de forma individual para que la luz esté donde se necesita y en la cantidad adecuada.

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